El amor sensual

por Juan Eugenio Rodríguez

 

A lo largo de este escrito me propongo pensar la cuestión de “lo imposible” y  “la preferencia amorosa”, destacar su importancia para la cultura. Voy a sostener que ambas son condiciones necesarias de la exogamia y del amor sensual.

Si bien estas cuestiones fueron desarrolladas en “Tótem y Tabú” en los considerandos de la fratría, esos aportes freudianos quisieron ser silenciados desvalorizando la fuente. En este sentido Freud señaló que el suyo no era un estudio antropológico, sino que se trataba de cómo el psicoanálisis se vale del capital simbólico producido para efectuar una lectura según lo indican los principios teóricos psicoanalíticos y el método de la interpretación del inconsciente.

La “denegación cultural”  y la “renuncia pulsional” tienen mucho que ver con los vínculos sociales entre los hombres, como también son la causa de la hostilidad con la que tienen que luchar todas las culturas. La hostilidad hacia la cultura se dirige directamente a la prohibición del incesto, se dirige a lo que coarta la satisfacción de poderosas pulsiones.

La respuesta fantasmática de esa hostilidad sería la siguiente: Todo-Se-Puede. Prescindiendo del principio de realidad se trata de desmentir lo imposible.

La prohibición a la que me refiero define la inaccesibilidad del objeto y a su vez produce  un lugar para lo imposible, un orden simbólico. Es lo que hace posible la preferencia, que no podría desplegarse en la indiferencia. La singularidad que se expresa en la preferencia amorosa surge de la diferencia. Un desarreglo en esa interdicción (interdecir) produce un sujeto coartado, produce mortificación.

Desestimar lo imposible, rechazar un lugar para la insatisfacción, para el aburrimiento o para la decepción, todo ello incrementa el imperativo superyoico. Por la vía del goce ruin, buscar el goce.  Se retrae el erotismo, queda afectada la economía libidinal y se daña  el lazo social. Por este camino, dirá Freud, se pretende desmentir un fragmento de realidad efectiva.

La preferencia amorosa provoca el amor sensual, como deseo sexual es un encuentro entre la sexualidad y el erotismo, es una metáfora. La interdicción es muy importante para pensar el amor sensual, se encuentra vinculada al decir y a los otros, promueve el erotismo y resulta necesaria para poder pensar al sujeto freudiano.

Por otra parte, al amor sensual lo debemos considerar como una realización contingente y episódica que suspende lo imposible y al mismo tiempo lo sostiene y lo transforma. Este amor no es un tapón, más bien se trata de una apertura. Surge debido a la preferencia  y va contra el fenómeno de masa.  La singularidad del síntoma resulta decisiva para desasirse de la masa y producir un acontecimiento que desbarate la unificación rígida de la mortificación. El síntoma neurótico que no ha resignado la satisfacción sexual directa se ubica como un modo de resistir a la masa.

En este punto debemos señalar la diferencia  entre el amor sensual y la servidumbre enamorada; ésta última implica la desestimación de la satisfacción sexual directa, la sumisión humillada al ideal, la máxima obediencia y la falta de crítica.

Todo esto favorece el fenómeno hipnótico, favorece el fenómeno de masa. Un ejemplo serían los consumidores, los televidentes, etc., identificados recíprocamente.

La indiferenciación es una de las consecuencias más notorias de la miseria psicológica de la masa propia de la cultura de la mortificación.

 

“Ambos estados, hipnosis y formación de masa, son sedimentaciones hereditarias que provienen de la filogénesis de la libido humana: la hipnosis como disposición, la masa además como relicto directo.” “…las aspiraciones sexuales directas son desfavorables para la formación de la masa.” (S. Freud 1920)

 

Los ejemplos que encontramos en el apéndice de “Psicología de las masas y análisis del yo” confirman la importancia de la cuestión de  la satisfacción sexual directa y el fenómeno de masa. De manera muy acotada la descripción de la masa sería, la sustitución de las aspiraciones sexuales directas por las de meta inhibida, promover la separación entre el yo y el ideal del yo y ubicar el objeto en el lugar del ideal. El modo en que se expresa el fenómeno de masa es la resignación y  la desmentida. A partir de esta idea se puede entender porque las aspiraciones no resignadas como deseo que no cede, resultan problemáticas para la formación de masa.

El paso cultural decisivo para la consolidación de la cultura fue la sustitución del poder del individuo que no conocía límites (el padre de la horda primitiva)  por el de la comunidad.   La “denegación cultural” se dirige fundamentalmente a ese individuo estableciendo una coerción socialmente aceptada. Como resultante se daría un malestar cultural acordado como renuncia. Al ceder satisfacción pulsional (goce) se posibilita la exogamia. Se favorece la satisfacción sexual directa  y de ese modo se degrada el ideal.

“… no olvidemos que en la familia primordial sólo el jefe gozaba de esa libertad pulsional; los otros vivían oprimidos como esclavos.” (S. Freud 1930)

La operación de sustitución ya mencionada hace al tejido del lazo social, al nudo. Es de la naturaleza del acto y es una puntuación a la economía de goce.

Lo que tiene que quedar fuera de esta economía comandada por el ideal es precisamente la preferencia amorosa. En el paratodos se menosprecia la diferencia y el amor que no elige pierde su valor. Al ideal los miembros de la masa le son indiferentes, tratándose del amor, los ama a todos por igual. El vínculo hipnótico es una servidumbre enamorada que excluye toda satisfacción sexual.

Ahora pasaré a ocuparme de la neurosis actual, viejo cuadro nosográfico freudiano que reactualizó para destacar sus efectos tóxicos: a-historicidad, morbilidad hipocondríaca, un predominio pulsional que tiende a la homogeneidad, al anestesiamiento y  por fin la mortificación.  El sujeto queda suspendido, incluso me gusta la idea de pensar esa suspensión como un congelamiento, como si se tratase de una identificación masiva, sin rasgo, sin puntuación, un ser-igual-a-si-mismo. Como de alguna forma ocurre con el fetiche, ese  monumento al falo de la madre, que se sostiene en la desmentida.

 

Presumo que la neurosis actual, donde la formación sintomática resulta lábil, es el modo en que se expresa predominantemente el sufrimiento del sujeto en el contexto de la cultura de la mortificación.

La estructura de aplazamiento inscribe el deseo de deseo y define a la clínica psicoanalítica como clínica de la abstinencia. Diferir la satisfacción pulsional, la interdicción del imperativo superyoico, produce deseo de deseo. Esto hace a la diferencia fundamental entre pulsión y deseo o entre goce y deseo, diferencia decisiva para pensar la clínica psicoanalítica. No se puede soslayar la medida en que la cultura se edifica sobre la renuncia pulsional y la incidencia del deseo. La naturaleza del deseo tiene mucho que ver con la naturaleza de la interdicción al goce. En el acto de decir, al tomar la palabra se resta goce. En el acto de decir como acto poético se juega la preferencia.

 

Psicoanálisis

El amor sensual
por Juan Eugenio Rodríguez


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Año 2018

 

Seminario anual de psicoanálisis y poesía 2018

Fundamentalmente se trata de una actividad de capacitación en psicoanálisis y poesía, instrumentos críticos de participación social.

Nos proponemos aportar estrategias de intervención clínica atendiendo a las problemáticas sociales actuales y promover la producción de arte y pensamiento crítico. La poesía en particular y el arte en general tienen un lugar destacado en el seminario.

Los Jueves 19 hs.

Universidad Nacional de La Matanza

UNLaM Socioculturales

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