La función de la negación
Una conversación con
Rodolfo Kusch

por Eleonora D'Alvia

 

El conflicto en Kusch

 

El texto de Kusch piensa al intelectual, en el sentido de aquel que elabora lecturas entre lecturas, como quien trabaja con la materialidad simbólica de su cultura.

Toma la materialidad simbólica cultural como aquello que es capaz de construirse entre conversaciones. Su materialidad es sobre todo esa lengua que hablamos y que vamos construyendo permanentemente con el uso. Es la cultura viva. El precipitado de ese saber-hacer es la escritura que se produce.

¿Cómo podría entenderse entonces la globalización cultural? Podemos pensar la globalización como imperialismo, es decir, como la imposición de signos y símbolos de una cultura por sobre otra. Imposición de signos, símbolos, idiomas, modos de producir, de hacer institución, de vincularse con lo real. De algún modo, esos signos y símbolos impuestos, generalmente por métodos violentos, son ya símbolos inertes, extraídos de la materia viva que les dio origen, se trata de cultura mortificada.

Kusch se piensa en ese conflicto, entre una cultura impuesta, que es como una capa superficial y mortificada de símbolos y signos en los que se referencian incluso los ideales y aquello a lo que se le da la espalda, el decir popular desde el cual precipita toda verdadera producción intelectual.

Para que la producción intelectual pueda tener un valor en esta construcción social mortificada, tiene que atenerse a los cánones que se imponen desde los centros intelectuales del mundo globalizado. Incluso el asunto es mimetizarse con ese discurso para que no se noten las diferencias, para poder ser reconocido como un primus inter pares. Se cae necesariamente en la repetición monótona y vacía.

El problema para el psiquismo lo sitúa muy bien el psicoanálisis: es la diferencia y el rechazo que provoca. Sobre todo cuando aparece como diferencia cultural, lo radicalmente otro.

La imposición imperial no produce como efecto sobre el colonizado una tabla rasa, un desierto donde vienen a inscribirse esos símbolos, sino que los mismos sólo pueden leerse, elaborarse, incluso apropiarse desde el bagaje simbólico de la cultura en la que está inmerso. Entonces ahí, tenemos tres posiciones posibles:

- Actúa como perteneciente únicamente al mundo del colonizador: sería la posición más mortificada, la que reniega de lo vivo de la cultura.

- Actúa como perteneciente a la cultura despreciada y temida que naufragó de un modo u otro a partir de la imposición del colonizador. Es una manifestación de lo dejado de lado, de lo que no tiene ni tuvo lugar en esta nueva lógica del colonizador.

- No logra identificarse ni con el colonizador ni con el colonizado. Ni de un lado ni del otro, como el pachuco de Octavio Paz.

Sin embargo, más allá de las identificaciones, que son de un modo u otro alienaciones, mortificaciones, tenemos esta situación paradojal del colonizado. Por un lado es actor y efecto de acciones de habla que lo sobredeterminan como sujeto: su familia, sus ancestros, la trama cultural que lo atraviesa, y por otro lado, está esa trama inerte como un tejido insertado que se encuentra en un lugar preponderante en las instituciones que rigen y ordenan esa cultura.

Freud pensó esta cuestión del siguiente modo: La colonización hace que la cultura sometida se vaya al fundamento, actúa como lo reprimido. La cultura colonizadora funciona del lado de la trama preconciente-conciente.

Esto plantea por un lado, pensar la importancia en la elaboración psíquica, el “a través de” las diferentes instancias donde hay que procesar materiales tan disímiles. Por otro lado, lo sobredeterminante es lo reprimido inconsciente, la cultura colonizada no deja de ejercer su influjo. Tiene una influencia decisiva, sobre todo respecto de lo nuevo que se puede llegar a producir en la trama.

El caso del colonizado entonces no sería para Freud un caso especial. De algún modo la estructura preconciente-conciente funciona como el colonizador que intenta imponerse sobre lo colonizado reprimido. Lo que pasa a través de la barrera de la censura sería entonces el sujeto del deseo inconsciente que logra por un instante emerger como diferencia.

No sería casual que esta noción haya nacido de alguien que se reconoció siempre como judío, es decir, como perteneciente a otra cultura que aquella que predomina y pone las reglas en el lugar en donde se vive. Algunos sostienen que la condición de errante es inseparable de la cultura judaica.

 

 

La función de la negación

 

 

Siguiendo a Kusch, no encontramos del lado de los colonizados una trama uniforme, sino que tenemos diferencias, o más bien discontinuidades importantes entre los mismos.

 

Para vislumbrar algo de lo dejado de lado por la cultura preponderante, Kusch va a nutrirse de lo más despreciado, de aquello que es considerado inservible para la cultura globalizada: toma como informantes a aquellos que se reivindican como diferentes, referenciándose en su cultura ancestral. Toma sus dichos y deduce la lógica de su discurso. Hace con esos elementos una interesante operación:  establece una diferencia radical entre un pensamiento culto, derivado del pensamiento científico y un pensamiento popular derivado del intento de resolver la problemática cotidiana.

La función de la negación es central para el pensamiento popular, así como la afirmación es el basamento de la construcción del pensamiento culto derivado del pensamiento científico. ¿Y qué es lo que niega el pensamiento popular? Pues justamente las afirmaciones del pensamiento culto que intentan comandar su mundo. Frente a aquello que dice: las cosas son así, el informante de Kusch dice: “bueno, en verdad, a mí me parece que no son tan así”.

La negación para el psicoanálisis señala al sujeto del deseo inconsciente. Diciendo, no es eso, dice en verdad, no soy eso. Es una desidentificación respecto del falo, una intervención significante para hacerse un lugar frente aquello que lo deja en posición pasiva ante un Otro que se presenta ya cerrado, para hacerse un lugar.  La negación tiene la función de señalar una falta.

Es más, no solamente “las cosas no son tan así”, sino que no son. “Están nomás”. Lo que queda cuestionado es el ser como tal producido por ese pensamiento europeo que se desarrolló como ciencia. Es una verdadera crítica al pensamiento occidental que valiéndose de una virtud del español y del pensamiento americano, cambia toda la perspectiva desde la cual construir un mundo.

 

 

 

 

Noviembre 2018

 

 

 

 

 

 

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