La negación y el  pensamiento popular

por Eleonora D'Alvia

 

 

En el texto “La negación en el pensamiento popular” Rodolfo Kusch parte de una distinción entre el pensamiento popular y el pensamiento culto. El pensamiento popular es el que se ocupa de las cuestiones de la existencia, de resolver las problemáticas que plantea la vida diaria. En cambio, el pensamiento culto es el que apunta al conocimiento científico. A la vez, ambas corrientes de pensamiento se distinguen aquí en el territorio americano por pertenecer esta última al pensamiento del colonizador y la primera al pensamiento del colonizado.

Siguiendo entonces la pista del pensamiento popular a partir de algunos “sabios” locales busca encontrar una estructura de pensamiento diferente al modelo del pensamiento culto europeo y que plantea acerca del pensar otras preguntas.

Me interesa señalar cómo este pensamiento popular que descubre Kusch aquí tiene puntos en común con lo que el psicoanálisis sostiene acerca de cómo se estructura el pensamiento. Y en esta intersección entre el psicoanálisis y el pensamiento de Kusch pensar los aportes que puede brindar el hecho de valorizar la diferencia entre el pensamiento culto que cada vez más tiende a presentarse como única manera de pensar los problemas, y un pensamiento otro que nos abra la posibilidad de nuevas alternativas.

Kusch establece una primera diferenciación entre ambos modos del pensar. El pensamiento culto se ocupa sobre negar o afirmar la verdad de las proposiciones, sobre todo busca construir una cadena de afirmaciones que lo lleven a la construcción del objeto científico. En cambio, la estrategia del pensamiento popular apunta no a las proposiciones sino a tomar una decisión. Apunta a la realización de un acto, está en relación directa a situar al sujeto en relación a su existencia.

Detengámonos ahora en la singularidad del pensamiento popular que pesquisa Kusch.

El pensar popular reivindica la opinión tan denostada por el pensamiento culto. Pero tiene su sistematicidad para arribar a la misma. Toma un discurso y lo somete a la negación de sus términos, lo que Kusch llama el anti-discurso. A partir de esta suspensión del conocimiento aparece allí, en ese vacío, una convicción de saber, pero en otro plano. Dice Kusch:

 

“Aquí incide la negación por el anti-discurso. No puede haber una aprehensión de un sentido sagrado, sino es sobre la negación de las cosas, en este caso del trabajo y de la casa como cosas, y la transformación de los mismos en símbolos. A su vez, y en tanto son simples símbolos, aparecerá la verdad fundante, ya no en el plano del simple conocimiento profano sino de la revelación de lo sagrado.

 

El problema radical del pensar consiste entonces en fundar la existencia y no en conocer mismo. De ahí la validez de la opinión. Ella no somete el juicio a la instancia de la verificabilidad, sino que incorpora el anti-discurso, y deja librada la fuente de decisión al área emocional.

 

 

Esto, como es natural, hace al pensar algo mágico. Ante todo porque un pensar así se caracteriza por una ausencia de una lógica de cosas, por cuanto trabaja sobre contradicciones,

 

 

En vez de la afirmación, lo fundante es negar para lograr la revelación de lo sagrado.”

 

Este pensamiento crea una sociedad sacralizada a partir del puro sujeto. Un sujeto que no se reivindica en el nivel del ser sino en el nivel del estar. Incluso en el estar no más. Es un sujeto situado. Llega a una afirmación que podría nombrarse como “yo creo esto en esta circunstancia en este momento”. Esta dimensión de sujeto se aborda en una dialéctica donde todo lo conocido es del orden de lo mismo y abordar al sujeto es a través de lo otro, lo sagrado. Hay allí un salto, dice Kusch, “un salto en el absurdo que no se puede explicitar.” De ahí entonces que nos hallamos con un doble registro. Este pensamiento apunta no a construir certezas acerca de cómo son las cosas, sino que apunta al existir, en tanto es una toma de posición del sujeto ante lo que cree que es decisivo.

En tanto el pensamiento culto es un pensamiento abstracto, desprendido de la realidad, es un pensamiento que oculta el “yo creo esto” punto de sostén  emocional de toda abstracción, para Kusch. Este modo de pensar dificulta el orden de la toma de decisión y de la acción, porque decide sobre proposiciones y no sobre las condiciones del existir que van más allá.

En un determinado momento el autor se hace una pregunta que queda planteada y a la que intentaremos responder desde el psicoanálisis. Dice:

 

“La negación no sólo es propia del pensamiento popular, sino que se da también en el pensamiento culto.¿Es que el pensar en su totalidad encierra a la negación como condicionante?”

 

Para el psicoanálisis la operación de la negación es fundante de la simbolización como tal. Dice Freud en su escrito “La negación”:

 

“Ahora bien, la operación de la función del juicio se posibilita únicamente por esta vía: que la creación del símbolo de la negación haya permitido al pensar un primer grado de independencia respecto de las consecuencias de la represión y, por tanto, de la compulsión del principio de placer.”

 

Lacan en el Seminario 10 “La angustia” sitúa el momento fundante del sujeto: Durante la fase sádico-anal se invierte la demanda al Otro del infans para emerger el registro de la demanda del Otro. La madre le pide al niño su deposición. En ese momento el niño tiene la primera oportunidad de decir que no. Momento de la constitución subjetiva.

 

El acto de negar es el primer acto que podemos atribuirle al sujeto. El deseo está estrechamente ligado a la negación.

 

Así podemos sostener que la negación por un lado se encuentra en la condición misma del pensar y por otro es parte intrínseca de todo acto del sujeto.

 

Kusch en el apartado del libro “El juego y la negación” llega a un planteo fundamental para el campo psicoanalítico:

 

“nuestra solución no está en la conservación de lo que nos han dado, sino en lo contrario, la pérdida de ello”

 

La inscripción de la pérdida, fundamental para la estructuración del aparato psíquico solo puede expresarse a través de la negación. El registro de la pérdida es el modo de inscripción de la castración que hace posible al sujeto constituirse como tal.  Y a la vez, es el agujero como efecto lo que puede inscribir a la realidad de manera estable. Es lo que que hace posible la articulación de los tres registros de la realidad humana: lo real, lo simbólico y lo imaginario.

Esta pérdida es también una pérdida de sentido que podría ubicarse como el efecto que dice buscar el  pensamiento popular a través del anti-discurso. Una pérdida de sentido que abre la posibilidad de que advenga una nueva relación con la realidad, ya no en relación al sentido, sino en relación al acto.

 

 

 

 

 

Julio 2018

 

 

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