LA NEGACIÓN: Psicoanálisis con Kusch (*)

por Eleonora D'Alvia

 

 

El conflicto en Kusch

 

El texto de Kusch piensa al intelectual, en el sentido de aquel que elabora lecturas entre lecturas, como quien trabaja con la materialidad simbólica de su cultura.

 

Toma la materialidad simbólica cultural como aquello que es capaz de construirse entre conversaciones. Su materialidad es sobre todo esa lengua que hablamos y que vamos construyendo permanentemente con el uso. Es la cultura viva. El precipitado de ese saber-hacer es la escritura que se produce. ¿Cómo podría entenderse entonces la globalización cultural? Podemos pensar la globalización como imperialismo, es decir, como la imposición de signos y símbolos de una cultura por sobre otra. Imposición de signos, símbolos, idiomas, modos de producir, de hacer institución, de vincularse con lo real. De algún modo, esos signos y símbolos impuestos, generalmente por métodos violentos, son ya símbolos inertes, extraídos de la materia viva que les dio origen, se trata de cultura mortificada.

 

Kusch se piensa en ese conflicto, entre una cultura impuesta, que es una capa superficial y mortificada de símbolos y signos en la que se referencian incluso los ideales y aquello a lo que se le da la espalda, el decir popular desde el cual precipita toda verdadera producción intelectual. Para que la producción intelectual pueda tener un valor en esta construcción social mortificada, tiene que atenerse a los cánones que se imponen desde los centros intelectuales del mundo globalizado. Incluso el asunto es mimetizarse con ese discurso para que no se noten las diferencias, para poder ser reconocido como un primus inter pares. Se cae necesariamente en la repetición monótona y vacía.

 

El problema para el psiquismo lo sitúa muy bien el psicoanálisis: es la diferencia y el rechazo que provoca. Sobre todo cuando aparece como diferencia cultural, lo radicalmente otro.

 

La imposición imperial no produce como efecto sobre el colonizado una tabla rasa, un desierto donde vienen a inscribirse esos símbolos, sino que los mismos sólo pueden leerse, elaborarse, incluso apropiarse desde el bagaje simbólico de la cultura en la que está inmerso. Entonces ahí, tenemos tres posiciones posibles:

 

- Actúa como perteneciente únicamente al mundo del colonizador: sería la posición más mortificada, la que reniega de lo vivo de la cultura.

- Actúa como perteneciente a la cultura despreciada y temida que naufragó de un modo u otro a partir de la imposición del colonizador. Es una manifestación de lo dejado de lado, de lo que no tiene ni tuvo lugar en esta nueva lógica del colonizador.

- No logra identificarse ni con el colonizador ni con el colonizado. Ni de un lado ni del otro, como el pachuco de Octavio Paz.

 

Sin embargo, más allá de las identificaciones, que son de un modo u otro alienaciones, mortificaciones, tenemos esta situación paradojal del colonizado. Por un lado es actor y efecto de acciones de habla que lo sobredeterminan como sujeto: su familia, sus ancestros, la trama cultural que lo atraviesa, y por otro lado, está esa trama inerte como un tejido insertado que se encuentra en un lugar preponderante en las instituciones que rigen y ordenan esa cultura.

Freud pensó esta cuestión del siguiente modo: La colonización hace que la cultura sometida se vaya al fundamento, actúa como lo reprimido. La cultura colonizadora funciona del lado de la trama preconciente-conciente.

Esto plantea por un lado, pensar la importancia en la elaboración psíquica, el “a través de” las diferentes instancias donde hay que procesar materiales tan disímiles. Por otro lado, lo sobredeterminante es lo reprimido inconsciente, la cultura colonizada no deja de ejercer su influjo. Tiene una influencia decisiva, sobre todo respecto de lo nuevo que se puede llegar a producir en la trama.

El caso del colonizado entonces no sería para Freud un caso especial. De algún modo la estructura preconciente-conciente funciona como el colonizador que intenta imponerse sobre lo colonizado reprimido. Lo que pasa a través de la barrera de la censura sería entonces el sujeto del deseo inconsciente que logra por un instante emerger como diferencia.

 

 

La función de la negación

 

Siguiendo a Kusch, no encontramos del lado de los colonizados una trama uniforme, sino que tenemos diferencias, o más bien discontinuidades importantes entre los mismos.

 

Para vislumbrar algo de lo dejado de lado por la cultura preponderante, Kusch va a nutrirse de lo más despreciado, de aquello que es considerado inservible para la cultura globalizada: toma como informantes a aquellos que se reivindican como diferentes, referenciándose en su cultura ancestral. Toma sus dichos y deduce la lógica de su discurso. Hace con esos elementos una interesante operación:  establece una diferencia  entre un pensamiento culto, derivado del pensamiento científico y un pensamiento popular derivado del intento de resolver la problemática cotidiana.

 

La función de la negación es central para el pensamiento popular, así como la afirmación es el basamento de la construcción del pensamiento culto derivado del pensamiento científico. ¿Y qué es lo que niega el pensamiento popular? Pues justamente las afirmaciones del pensamiento culto que intentan comandar su mundo. Frente a aquello que dice: las cosas son así, el informante de Kusch dice: “bueno, en verdad, a mí me parece que no son tan así”.

 

Dice Kusch:

 

“Se diría que Quiroga utiliza intencionalmente un sistema de oposiciones, según el cual interfiere el discurso con el anti-discurso para quedarse al fin con un esbozo de la verdad, que a su vez se evade de la proposición para dejar lugar al verdadero sentido de lo que dice. Es como si él se creara una trampa lógica, con la cual bloquea cualquier significación discursiva, y posibilita la instauración de una tercera posibilidad.”

 

La negación para el psicoanálisis señala al sujeto del deseo inconsciente. Diciendo, no es eso, dice en verdad, no soy eso. Es una desidentificación respecto del falo, una intervención significante para hacerse un lugar frente aquello que lo deja en posición pasiva ante un Otro que se presenta ya cerrado.  La negación tiene la función de señalar una falta.

 

Es más, no solamente “las cosas no son tan así”, sino que no son, “Están nomás”. Lo que queda cuestionado es el ser como tal producido por ese pensamiento europeo que se desarrolló como ciencia. Es una verdadera crítica al pensamiento Occidental que valiéndose de una virtud del español y del pensamiento americano, cambia toda la perspectiva desde la cual construir un mundo.

 

 

 

Figuras del entre-lugar entre colonizador y colonizado:

El pachuco de Octavio Paz,

Lo mestizo, lo ch'ixe (abigarrado, manchado) de Silvia Rivera Cusicanqui

 

Estas dos figuras que voy a tomar son bien diferentes. El pachuco es un fenómeno social observable en California, que toma Octavio Paz en El laberinto de la soledad.

Lo ch'ixe es en cambio el intento de la socióloga boliviana de pensar la cuestión de lo mestizo, hay una conceptualización que nos brinda algunos elementos más para pensar la cuestión del entre-lugar más allá de la negación.

 

No podemos dejar de retomar ahora la figura del pachuco por considarlo relevante para nuestra tesis sobre el papel de la negación en la producción de pensamiento crítico.

El pachuco, es aquel que se define, define su accionar, su modo de vestir, por no pertenecer ni al mundo mexicano anterior a la conquista estadounidense, ni al mundo estadounidense del conquistador. Lo que defiende con su accionar es su no pertenecencia. Se define a partir de una negación que sostiene como modo de estar en el mundo.

El pachuco funda su existencia en su no ser ni colonizado ni colonizador.  Se inventa a partir de ahí. Se sitúa en un entre-lugar. Y desde ahí se expresa. Dice de ellos Octavio Paz:

 

“Rebeldes instintivos, contra ellos se ha cebado más de una vez el racismo norteamericano. Pero los pachucos no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados. A pesar de que su actitud revela una obstinada y casi fanática voluntad de ser, esa voluntad no afirma nada concreto sino la decisión -ambigua como se verá- de no ser como los otros que lo rodean. El pachuco no quiere volver a su origen mexicano; tampoco -al menos en apariencia- desea fundirse a la vida norteamericana. Todo en él es impulso que se niega a sí mismo, nudo de contradicciones, enigma.”

 

Lo mestizo, su situación conflictual de un no lugar, se acentúa como tragedia cuando reniega de esa doble existencia. De ese doble no ser.

 

Tenemos entonces en el caso del pachuco, un caso extraordinario de producción cultural donde esa asunción expresa la desgarradura a partir de la producción de algo nuevo. Que se reivindica por su diferencia ante la tragedia de la conquista. Nadie saldrá indemne.

 

Lo ch’ixe parece lo contrario. Es un concepto tomado de un artista plástico que lo define como un color tercero que parece gris, pero cuando uno se acerca ve que está conformado por pequeños trozos de color blanco y negro, es decir, quedan trazas de ambos que en verdad no se mezclan ni se funden, coexisten en su diferencia sin fundirse. Sería entonces una doble afirmación. pareciera que se afirma en la coexistencia en el mismo momento de ambas identificaciones que no se mezclan. Coexisten de manera separada y yuxtapuesta.

 

Sin embargo desde la interpretación del término como “manchado” podría leerse como lo que “no es” ni totalmente blanco ni totalmente negro: Es más bien un proceso recombinatorio. Es un tejido intermedio a las fuerzas duales opuestas.  Silvia define ese lugar mestizo con equivalencia al término usado para el mundo intermedio que la cosmogonía andina: taypi, definido como lo que se realiza en la mezcla entre lo de arriba y lo de abajo. El taypi está caracterizado como zona de contacto, encuentro y violencia, también vinculado al aquí y ahora. En las edades que define el mundo andino previo a la conquista aparecen en ese territorio intermedio, dos modos de avance civilizatorio. El tejido y la guerra. El primero atribuido a lo femenino, el segundo a lo masculino. Dos modos de hacer frente a la diferencia.

 

Dice la autora acerca de lo ch'ixe:

 

“Los  andinos desplegaron  una  inmensa labor, productiva y hermenéutica, para domesticar y enraizar a los dioses extranjeros, a sus monedas y símbolos, en  una  autopoiesis permanente de  su  propia condición comunal.  En  la  clandestinidad, al amparo de  la  noche, en  la  privacidad de  la  estancia o del barrio suburbano,  en  los santorales e iglesias del catolicismo impuesto, las wak' as (cosas sagradas)  silenciadas vuelven a  la  vida.  Los  marcos sociales de  la  memoria,  la  polisemia de unos idiomas aglutinantes y  la  inscripción de  lo sagrado en  la  materialidad del paisaje forman  la  materia básica de una  práctica transformativa que nos ha permitido devolver la  mirada a través de los siglos.

 Los  ritos, danzas y cantares de las fiestas a los santos patronos forman  un  espacio  ch'ixi,  que ensancha las fronteras del medio como  un  textil civilizador.  El  ícono objeto de  devociones  encarna un gesto de subversión semiótica contra  el principio totalizador de  la  dominación colonial.  No  es  un  icono puro, tampoco  un  talismán: es  la  ancha  faja  tejida por el palimpsesto de una praxis histórica colectiva.” Fragmento del libro Sociología de la imagen de Silvia Rivera Cusicanqui

 

Tenemos aquí un desarrollo acerca de la labor que realiza el colonizado, que padece la colonización de esa cultura intrusa, impuesta. La describe como una práctica transformativa que hace posible al colonizado situarse como sujeto ante el arrasamiento de su lugar en la cultura.

 

El término mestizo está referido a esa mezcla cultural, no racial. Rivera destaca en esta idea de lo ch'ixe el valor del fragmento. Es un no ser compuesto por una cantidad de fragmentos de lo que fue. Restos podríamos decir. Pero esos restos que quedaron reprimidos, de algún modo siguen produciendo efectos sobre la lectura de lo que está sucediendo. Siguen activos en la producción de lo nuevo.

 

Podríamos desde ahí leer al pachuco. El pachuco al reconocerse en la negación, ya no pertenece al mundo mexicano, pero tampoco al mundo norteamericano, se transforma en la expresión de esa tragedia que es la colonización, pero a la vez, encarna lo nuevo. Sólo algo nuevo puede emerger de esa nueva combinatoria.

 

 

 

Algunas conclusiones acerca del entre-lugar

 

Este trabajo al partir del conflicto que se le plantea a Kusch, repiensa el entre-lugar entre autonomía y heteronomía a partir del par de opuestos colonizador/colonizado.

Kusch finalizando un desarrollo titulado “El juego y la negación” dice lo siguiente:

“Ahora bien, si hemos llegado a este punto donde todo lo negamos, ¿con qué conclusiones quedamos? Pues no más que con dos verdades: una es que nuestra solución no está en la conservación de lo que nos han dado, sino en lo contrario, la pérdida de ello, y segundo, que a partir de ahí habrá de asumir la desgraciada responsabilidad de tener que empezar aquí en América todo de vuelta. Es la ventaja de la negación.”

Ahora Kusch apropiándose de la metodología de pensamiento que ubica como popular, aplica la negación a ambos polos de la oposición, tanto a lo recibido como herencia del mundo colonizado como  a aquello que desea imponer el colonizador. El uso de la negación es la jugada de la libertad.

Diríamos siguiendo el planteo, que la negación es un punto de partida que no es de cero. Es desde esos significantes negados que se puede construir una trama que enlace, que genere nuevas combinatorias entre el pensamiento culto, derivado del europeo y el pensamiento popular como modo de arreglárselas con lo cotidiano, con la realidad.

Como analista me interesa esta idea de tejido, de recombinatoria simbólica como modo de construir novedades en la trama. Pero esto sólo puede darse en tanto los retoños de lo reprimido tengan un lugar, no como perturbación sino como fuente de nuevas verdades ya olvidadas. Este tejido hace lugar a nuevas percepciones y sensaciones que se ponen en juego entre los elementos impuestos, modificándolos.

Dos fenómenos que encontramos en Latinoamérica en el presente que interrogan acerca de cómo funciona esta dinámica entre colonizado y colonizador. Primero se constata la aparición de grupos humanos que identificándose a pueblos originarios precoloniales, reivindican los derechos de los oriundos. Y por otro lado sucede que para enfrentar las problemáticas que plantea la globalización de la economía de mercado, que se impone a partir de la pérdida de derechos, algunas comunidades recurren a sus antecedentes: otras formas de organización provenientes de prácticas ancestrales. Ante la retirada del Estado como garante de los derechos del ciudadano, recurren a antiguas prácticas democráticas de las comunidades antiguas par enfrentar la fragmentación y la violencia que el sistema dirije a esos núcleos humanos marginales respecto de la producción propiamente capitalista.

Estos emergentes de lo antiguo y reprimido hacen lugar a nuevas politicidades, nuevos modos de enfrentar los problemas que plantea el nuevo colonialismo.

Surgen entonces algunos que desean tomar la voz de aquello que quiso dejarse de lado, declararlo como no existente (desierto) o salvaje (como si esas prácticas que conformaron las diferentes culturas prehispánicas no provinieran también de diferentes modos del pensamiento).

Vuelve entonces a ponerse en evidencia aquello que me decía un intelectual boliviano una vez: Son 400 años de resistencia contra el colonialismo.

Es decir, cada nueva avanzada del imperio sobre los derechos de los ciudadanos actualmente existentes, vuelven a significarse la historia de las luchas de las generaciones pasadas, que se actualizan. Se reformulan los pares de opuestos que se redefinen a partir del modo en que se encuentra planteado el campo de batalla.

El entre-lugar sería entonces una zona de conflicto. La negación tal como la propone Kusch pone en cuestión los dos polos de opuestos. Y genera a partir de ahí una nueva producción que es una combinatoria de ambos elementos heterogéneos, pero sin fundirse uno en el otro, sin conformar una nueva unidad. Y tampoco sin dejar de sostener los dos polos de punto de partida. Se conforma allí una terceridad.

El conflicto no termina. Más bien la cultura sería el campo de batalla mediante el cual ese conflicto se juega y se escenifica. Pero también, como la metáfora de Silvia R C., la cultura viva es un tejido entre esos dos mundos inconciliables.

Un entre-lugar expresa lo mestizo, entendido como sujeto que se reconoce en su no pertenencia, y eso hace posible admitir aquello que emerge desde ese mundo sumergido, perdido, olvidado pero aún activo, capaz de producir efectos. Aparece entonces lo nuevo en ese trabajo elaborativo, muy vinculado a esa idea de tejido, de combinatoria, de nuevas tramas. Una alteridad respecto de ambos antecedentes.

La operación psíquica del “no es eso, no hallo el placer buscado, una vez más no era el objeto anhelado, no es como aquello que perdí” es lo que pone en marcha el deseo como pura insistencia que no se resigna. La trama que se genera a partir de allí, es lo que se realiza.

 

 

 

* Trabajo presentado bajo el título "La función de la negación. Una conversación con Rodolfo Kusch" en las III Jornadas Nacionales de Filosofía del Departamento de Filosofía (UBA), del  26 al 29 de noviembre de 2018 en la mesa sobre Entre-lugares en el pensamiento contemporáneo II en el contexto del proyecto UBACYT dirigido por Samuel M. Cabanchik.

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