La renegación en la posmodernidad* por Eleonora D'Alvia

 

 

Introducción

 

Pensaremos la cuestión de la renegación en nuestra época a partir de una conversación con “La paradoja antropológica. Nichos, micromundos, disociación psíquica.”(1) de Massimo De Carolis, libro publicado durante este año.

Paradoja: El término deriva de la forma latina paradoxum, que es un préstamo del griego παράδοξον (paradoxon) 'inesperado, increíble, singular', etimológicamente formado por la preposición para-, que significa "junto a" o "a parte de" más la raíz doxon 'opinión, buen juicio'.5 En la retórica, es una figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que implican contradicción.

En este texto el autor extrae consecuencias de pensar a lo humano como siendo propiamente del orden del lenguaje. El ser humano hace inteligible su mundo a partir del lenguaje. El efecto que produce este hecho es la paradoja antropológica como constitutiva. Dicha paradoja se desenvuelve entre dos polos siempre en conflicto. Por un lado, al ser el lenguaje el que establece el mundo, hace posible que por su intermedio el hombre pueda abrirse y participar en la creación de su mundo, a diferencia de la vida animal atrapada entre las señales que provienen de la fijeza establecida por la especie. Un primer polo de la paradoja es el lenguaje como liberación y como apertura. El autor dice algo más, como apertura ilimitada.

Por otro lado, en el otro polo encontramos que ese mundo determinado por el lenguaje, es a lo que se aferra el humano para no perderse en lo ilimitado por lo que le atribuye una fijeza que a veces puede presentarse como inconmovible. Esta tensión entre estos dos polos generan conflictos que se pueden encontrar tanto en el orden de lo individual como en el orden de lo social.

Para lo humano habría un indistinción inicial entre señal y ruido, a diferencia de lo que le sucede al animal con su ambiente. Sólo puede construirse esa diferencia entre lo irrelevante y lo importante a partir de lo establecido por el lenguaje. Es desde estas coordenadas que el autor sitúa el mecanismo de la renegación como el que hace posible al sujeto desconocer una porción de la realidad y que produce como consecuencia una disociación psíquica, donde una de las partes del yo acepta la realidad mientras otra parte reniega de ella.

El autor propone una diferencia entre una división psíquica horizontal donde podemos situar el mecanismo de la represión por el que una moción pulsional es reprimida ante los requerimientos de la realidad, de divisiones verticales que mantienen partes separadas del yo que coexisten sin estorbarse una a las otras.

De Carolis hace referencia al clasisismo europeo y lo vincula con el mecanismo psíquico de la represión. Es lo que él llama esquema de escisión horizontal, que separa lo alto de lo bajo, lo uno frente a lo múltiple, el Yo frente a las pulsiones parciales.

 

“No debe olvidarse, en efecto, que la doble sumisión – de las pulsiones al yo y de la multitud a la ley- en el esquema moderno revestía un valor antropológico general, como llave de acceso necesaria a la vida civil.”

 

En lo contemporáneo esta cesura horizontal tiende a sustituirse, siguiendo con el

razonamiento del autor, por una red de escisiones verticales que aíslan y separan espacios circunscriptos diseminados sin orden jerárquico.

 

“Sabemos, en efecto, que las disociaciones, felices o infelices, están ligadas, en una forma todavía por indagar, a la evolución social que, en el último siglo, ha progresivamente erosionado el orden jerárquico a favor de una red de “escisiones verticales” en las que grupos y ambientes aún profundamente heterogéneos se encuentran coexistiendo en un mismo plano. … leyendo los mismos fenómenos no como preocupantes señales de declinación, sino como emergencia de un

nodo antropológico primario que, aunque complejo y ambivalente, puede tal vez encontrar hoy una expresión más transparente y auténtica de lo que fueron en su tiempo las formas de vida y de organización social más tradicionales.”

 

La problemática de la disociación psíquica se contrapone en la argumentación con la

cuestión de la identidad. El conflicto que plantea la disociación cuyo ejemplo sería el cuadropatológico definido por la psiquiatría norteamericana de la personalidad múltiple, se resuelve en torno al establecimiento de la identidad. Así se ejemplifica esta idea de contraponer una división horizontal de orden jerárquico con escisiones verticales independientes entre sí.

Queda abierta la pregunta por De Carolis, acerca de cómo sería posible un orden diferente, es decir que la fragmentación que plantean nichos y micromundos, sea resuelta por otra vía que no sea el establecimiento de una nueva estructura jerárquica.

 

La renegación

 

La idea del presente trabajo es partir de los desarrollos de De Carolis sobre la renegación para pensar el mundo contemporáneo en sus encerronas y posibles salidas.

Para entender el alcance que se le puede dar a dicho concepto desde el campo psicoanalítico hay que dar algunas precisiones para diferenciarlo del planteo hecho por De Carolis. La idea de la indiferenciación entre señal y ruido es un modo de entender la construcción de la realidad con el lenguaje, que aún parece apegado a la separación tajante entre objeto y sujeto propio de la modernidad. Para el psicoanálisis si el sujeto se instaura en el registro de la realidad, es porque primero se posicionó como objeto del Otro, como el falo, objeto del deseo del Otro. Se trata de la

cuestión de lo real, de la cuestión del goce. Y en todo caso, de cómo desde ese punto de partida, renuncia a ese lugar de goce, cae de ese lugar, para abrirse paso como sujeto hablante y se sitúa como ser sexuado en el orden de las generaciones.

La idea de la renegación como primaria o subsimbólica no es coincidente con lo que indica la clínica. Ya Freud había mostrado que el fenómeno renegatorio en la perversión es propiamentesimbólico, es la prevalencia de lo simbólico por sobre lo real, para decirlo de algún modo. También es cierto que su síntoma demuestra una reducción de lo simbólico a la puesta en escena imaginaria.

Sin embargo esta elección de estructura no se puede asociar a una prematuración ni es un paso necesario en la formación del ser hablante. Es una posición electiva del sujeto frente a la encrucijada de la castración.

En la asimilación del psicoanálisis al pensamiento del clasisismo europeo algo fundamental se pierde. No existe un tal orden de jerarquía entre el yo y las pulsiones parciales para el psicoanálisis. La estructuración psíquica tiene su eje en la división del sujeto y no en el yo. Es lo Uno del yo lo que queda cuestionado. Por otra parte, es llamativo este pensamiento leído en varios filósofos europeos que asimilan o superponen el concepto psicoanalítico de represión-clivaje que

manda al fundamento lo primordialmente perdido- con el clasisismo europeo. Que la sociedad del clasisismo europeo estuviera basada en un orden represivo y disciplinar es algo muy diferente de la operación psíquica de la represión, que sucede cuando el sujeto comienza a hablar y que tiene la estructura de la sustitución metafórica. El acontecimiento de la represión primordial sucede antes que cualquier orden disciplinario se ponga en funcionamiento en relación al niño. Hay una

vinculación implícita entre el mecanismo represión/negación y el orden jerárquico patriarcal que me propongo cuestionar. Por otra parte, en la estructura de la perversión, donde lo que comanda es el mecanismo renegatorio, la división del sujeto está tan vigente como en la neurosis.

El planteo más interesante del libro a mi entender es prospectivo. Plantea que la renegación que considera prevalente en el mundo contemporáneo puede de alguna manera plantear una nueva salida a la encerrona moderna, dado que está pensando la renegación como la que produce una escisión entre dos posiciones del yo, una que acepta “las cosas son así” y otra que reniega de esa parte de la realidad. Conviven las dos posiciones frente al hecho al mismo tiempo.

La puesta en evidencia de la crisis de los modelos jerárquicos que se sostienen en la unidad de la autoridad, coincide con esta fragmentación que hallamos como lugar común en el modo de vida contemporáneo. Este conflicto que señala la puesta en crisis de la autoridad patriarcal, abriría laposibilidad de nuevas formas políticas más democráticas a partir de la idea de pluralismo. Los nichos y micromundos se oponen de algún modo a la idea universal del mundo. Pero la contemporaneidad no llega a superar el fracasado esquema moderno, que se repite con diferencias sin transformar el trasfondo del conflicto sino más bien agudizando sus problemas. Considera que

trasladar al plano de lo político la paradoja antropológica de la existencia individual nos permitiría concebir un mundo más democrático.

Me gusta sobre todo la hipótesis de la constitución psíquica en una paradoja. La hipótesis de la paradoja descompleta el ideal de que el significante pueda recubrirlo todo. Marca la apertura de la estructura.

Hay algo interesante que dice Lacan respecto de la posición del perverso. El perverso es el creyente. Qué es lo que se reniega en la perversión? Siendo que hay diferencias entre las diversas posiciones perversas puede decirse generalizando que de lo que se reniega es de la castración en el Otro con mayúscula. Se reniega de la inconsistencia de la estructura significante. La perversión es el artilugio del sujeto para hacer consistir al Otro. Lo paradojal en la perversión es que en el forzamiento realizado sobre la escena para hacer consistir al Otro, queda en evidencia su falla.

Podría traducirse como “He registrado la falla en el Otro, pero no se me da la gana reconocerla.

Mientras sostengo un Otro consistente, puedo seguir ubicado en el lugar del falo. No tengo que aceptar las consecuencias de la castración.” La puesta en escena perversa que hace posible el abordaje de la sexualidad es el síntoma del sujeto. Pero un síntoma del que no se queja como el neurótico, porque el perverso se hace cargo de que allí goza.

Pero la renegación, si bien es el mecanismo psíquico decisivo en la perversión, no es exclusivo de ella, como bien lo señala De Carolis. Abunda como modo de vincularse con la realidad, llegando a formar parte del sentido común de nuestra época. Abordemos las posibles consecuencias clínicas de la preeminencia de la renegación en el mundo contemporáneo como modo común de tratar con la realidad.

La renegación instalada en el lazo social, produce como efecto la mortificación del sujeto.

No es que no haya mortificación en la perversión, de hecho la hay, por eso lo estereotipado de la escena de goce. Pero, de alguna manera, su síntoma lleva al perverso a encontrarse de un modo o de otro con la castración. En cambio, la renegación en la neurosis actual es un redoblamiento de la

renegación. Reniega y luego reniega de sus restos. Así queda cercenada una parte significativa de la realidad, la realidad de castración. El anestesiamiento que conlleva se parece a la muerte en vida, se apaga el erotismo, sería como si el sujeto coincidiera perfectamente con el casillero, entonces no habría lugar para el sujeto, para lo que falla. Si no se hace presente la singularidad evanescente del

sujeto, estamos ante la masa. La masa es el aplastamiento del sujeto del deseo inconsciente al que la masa combate como persigue al erotismo. La masa es la consecuencia de la renegación en el lazo social. Es un creyente en el significante amo. Se reniega de la castración en el Otro. Se reivindica un Otro consistente. La estructura de la masa es coincidente con la estructura jerárquica patriarcal.

Se reproduce el fenómeno primitivo de la horda, previo al ordenamiento de lo simbólico. Es un resto de la horda persistente e inasimilable que se repite.

 

Disociación e identidad

 

Plantea De Carolis que el conflicto que el sujeto establece a través de la renegación

encuentra una salida en el establecimiento de una identidad psíquica. Y hace un paralelismo entre la identidad psíquica y la comunidad social. Aquí vuelve sobre la idea de que lo Uno prevalece sobre lo múltiple como única organización posible.

La cuestión de subsumir al mecanismo de la renegación en la disociación psíquica tiene el problemático trasfondo de la creencia en la Unidad. En la creencia en una identidad psíquica, tanto en el orden individual como en el orden social.

Uno de los problemas es el concepto de personalidad que se confunde con la identidad. El psicoanálisis no cree en la personalidad y la identidad se encuentra en otra parte, está perdida. Freud y Lacan hablaron de identificación. Es decir, la disociación psíquica es constitutiva del aparato psíquico y no implica ninguna jerarquía de una parte sobre otra. El psicoanálisis se encarga de señalar la sobredeterminación inconsciente del aparato psíquico, como un modo de abordaje que no implica jerarquías. No se trata de domeñar las múltiples pulsiones a través de constituir una unidad que se imponga sobre aquellas equivalente al yo. Las pulsiones son el eco de las palabras en el cuerpo. No hay manera de unificarlas más que con la muerte del ser viviente. Tampoco existe la unidad del yo, esa unidad es ilusoria. El yo está en verdad compuesto por acumulación de identificaciones, que son como la cáscara mortificada del psiquismo.

A la pulsión sólo se la puede intervenir por el deseo. El orden del deseo releva entonces lo que era del orden de la pulsión. El sujeto es supuesto frente al efecto que deja como estela, por la huella que deja podemos leer su intervención, una intervención simbólica. Si la identidad de percepción está perdida, lo que se repite es su fantasma, en el intento de repetirla. En esa repetición podemos construir un sujeto, como un singular saber-hacer. Donde el yo no es más que su pantalla.

El problema no está en la falta de coherencia del yo, sino en el grado de mortificación, de inercia del yo, casi diríamos en la creencia del yo en su propia compacidad. Cuanto más apegado el yo a la unidad que se espera de él, más mortificado y padeciente.

 

Algunas conclusiones

 

El psicoanálisis descubre que el Significante Amo que inicia y sobredetermina la cadena significante es en verdad del orden de un agujero. En el lugar de la Unidad lo que hay es un agujero. Esta verdad de castración que viene a plantear el psicoanálisis es el aporte más importante que puede hacer a la cultura y a la democratización de la cultura. El psicoanálisis nos permite pensar que ese significante único está vacío. Es la inscripción de un vacío o más bien es el agujero

mismo en relación al cual giran los significantes como en el ombligo del sueño. El agujero de lo imposible de significar. Agujero que deja la caída del objeto de la primera escena de satisfacción.

Es el sujeto que cae para quedar barrado. Borrado. Como en la frase del fantasma.

El tema es cómo funciona en relación a esta falla del significante la renegación. La renegación se dirige a la castración. Va contra los rastros de la castración. Ya sea a través de la instalación del fantasma perverso, donde se hace consistir la potencia del Otro, barrado por la verdad. O en la reanimación de la horda, como modo de hacer consistir al Amo como Ideal. Allí el padeciente se ubica como puro objeto del significante, parece coincidir con él. Aparece allí la pobreza simbólica, la imposibilidad de historizar. Se encuentra alienado al significante. En las neurosis actuales, nada sabemos de la jugada del sujeto, ya que ésta es la que se encuentra ausente.

Lo que no aparece es la singularidad, la operatoria del sujeto sobre los significantes que lo sobredeterminan.

Una lectura diferente de esa fragmentación que De Carolis encuentra en la vida contemporánea está en relación a los efectos idiotizantes de la mortificación que implica el fenómeno de masa. En este sentido, la fragmentación como efecto es solidaria con el efecto de horda que prevalece por sobre la dimensión de lo singular, tanto en el orden político como en la institución familiar, matriz que tiene por función dar lugar a nuevos sujetos en la trama social.

Desde argumentaciones diferentes coincidimos con De Carolis en señalar la radicalidad que ha tomado la tecnociencia en su rechazo al sujeto. En su ataque al orden de la palabra, pretende reducirla a una imagen manipulable. Atenta contra el lazo social, porque el lazo social es discurso y el sujeto, efecto del discurso. Por eso el sistema político más compatible con el ejercicio del psicoanálisis es la democracia. La prepotencia de la tecnocracia no conlleva más orden, sino que por el contrario, propicia el goce que mejor no. Para lo humano no hay más orden que el orden de la

palabra. El neoliberalismo se aleja del orden de la palabra para favorecer un goce mudo, sobreentendido, que no deja lugar para lo único verdaderamente normativizante: la castración que hace lugar al advenimiento de un sujeto a través del decir. Así es como este momento histórico es congruente con el fenómeno de horda, la lógica jerárquica, el falocentrismo, la discriminación, el racismo. No casualmente surge en el momento de mayor prevalencia del neoliberalismo en todo el

mundo el reclamo de organizaciones de mujeres contra la violencia machista. Ya Lacan había definido a lo propiamente femenino como el flagelo de la horda: Lo erótico como la dimensión más propia del lazo social.

 

*escrito presentado en el Congreso Nacional de Filosofía AFRA 2017, Ciudad de San Juan, 5 de Octubre de 2017

 

(1) La paradoja antropológica, Massimo De Carolis, 1a ed., Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Quadrata, 2017. Trad. de Norberto Zuccalá

 

 

 

 

 

 

 

 

Curvaturas
Jeuroz'17

Página actualizada: Noviembre-Diciembre 2017

Página web: www.fuegos-delsur.com.ar / Correo: fuegosdelsur@gmail.com

©Fuegos del Sur, psicoanálisis en movimiento. Buenos Aires. República Argentina.