(S)ientos de Poetas

Voces del tiempo...

Escarabajo dorado -Jeuroz`25

AMOR AMÉRICA (1400)

Antes de la peluca y la casaca

fueron los ríos, ríos arteriales:

fueron las cordilleras, en cuya onda raída

el cóndor o la nieve parecían inmóviles:

fue la humedad y la espesura, el trueno

sin nombre todavía, las pampas planetarias.

El hombre tierra fue, vasija, párpado

del barro trémulo, forma de la arcilla,

fue cántaro caribe, piedra chibcha,

copa imperial o sílice araucana.

Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura

de su arma de cristal humedecido,

las iniciales de la tierra estaban

escritas.

Nadie pudo

recordarlas después: el viento

las olvidó, el idioma del agua

fue enterrado, las claves se perdieron

o se inundaron de silencio o sangre.

No se perdió la vida, hermanos pastorales.

Pero como una rosa salvaje

cayó una gota roja en la espesura

y se apagó una lámpara de tierra.

Yo estoy aquí para contar la historia.

Desde la paz del búfalo

hasta las azotadas arenas

de la tierra final, en las espumas

acumuladas de la luz antártica,

y por las madrigueras despeñadas

de la sombría paz venezolana,

te busqué, padre mío,

joven guerrero de tiniebla y cobre

oh tú, planta nupcial, cabellera indomable,

madre caimán, metálica paloma.

Yo, incásico del légamo,

toqué la piedra y dije:

Quién

me espera? Y apreté la mano

sobre un puñado de cristal vacío.

Pero anduve entre flores zapotecas

y dulce era la luz como un venado,

y era la sombra como un párpado verde.

Tierra mía sin nombre, sin América,

estambre equinoccial, lanza de púrpura,

tu aroma me trepó por las raíces

hasta la copa que bebía, hasta la más delgada

palabra aún no nacida de mi boca.

PABLO NERUDA
Parral, Chile, 1904

CAMINO

Donde acaba la raíz comienza el viento,
comienza el caminante su ostracismo,
rompe el terrón su tenue paroxismo
y se apaga en las manos, ceniciento.


Con labios, no con pies, ando un violento
paisaje como sombra de mí mismo
dejando un silencioso cataclismo
en cada piedra, en cada pensamiento.

Pie de jaguar y corazón de garza,
cielo enterrado a golpes de raíces
en el ala de arena que lo engarza.

Voy caminando y siento en las matrices
del tiempo arder mi vida como zarza,
y hasta en mi aliento encuentro cicatrices.


AUGUSTO ROA BASTOS
1917, Asunción del Paraguay

texto aquí...

SOMBRA DE FUEGO

Atada la memoria a una cadencia
va resbalando en número y medida,
de tal manera a la costumbre asida
que está sonando en medio de la ausencia.


Así la acumulada persistencia
de aquel incendio brilla por mi herida,
y está su sombra al cuerpo de mi vida
atada como roja transparencia.


Ni el soplo corrosivo del destino
ni la salada lluvia de mi llanto
ni el ánima de tierra del camino

pueden contra este fuego de mi nada,
porque destino y tierra y tiempo y llanto
no hacen sino avivar su llamarada.

AUGUSTO ROA BASTOS
1917, Asunción del Paraguay

UN SUPERMERCADO EN CALIFORNIA

Qué ideas tengo de ti esta noche, Walt Whitman, porque caminé por las calles laterales bajo los árboles con un dolor de cabeza consciente de mí mismo mirando la luna llena.

En mi fatiga hambrienta, y comprando imágenes, entré al supermercado de frutas de neón, ¡soñando con tus enumeraciones!

¡Qué duraznos y qué penumbras! Familias enteras comprando por la noche! ¡Pasillos llenos de maridos! Esposas en las paltas!, bebés en los tomates! – y tú, García Lorca, ¿qué estabas haciendo junto a las sandías?

Te vi, Walt Whitman, sin hijos, viejo mendigo solitario, husmeando entre las carnes en el refrigerador y echando el ojo a los muchachos del supermercado.

Te oí preguntando a todos: ¿Quién mató a las chuletas de cerdo? ¿Cuánto valen los plátanos? ¿Eres tú mi ángel?

Anduve dentro y fuera de los brillantes montones de latas siguiéndote, y seguido en mi imaginación por el detective del negocio.

Caminamos juntos a grandes pasos por los abiertos corredores en nuestra solitaria fantasía probando alcachofas, poseyendo todas las delicias congeladas, y nunca pasando por la caja.

¿Dónde vamos, Walt Whitman? Las puertas se cierran en una hora. ¿En qué dirección apunta tu barba esta noche?

(Toco tu libro y sueño con nuestra odisea en el supermercado y me siento absurdo.)

¿Caminaremos toda la noche a través de calles solitarias? Los árboles añaden sombra a la sombra, luces apagadas en las casas, los dos estaremos solitarios.

¿Pasearemos soñando con la América perdida del amor más allá de los automóviles azules estacionados, hacia nuestra cabaña silenciosa?

Ah, querido padre, barbagrís, viejo solitario profesor del coraje, ¿qué América tuviste cuando Caronte dejó de empujar su barca y bajaste en una humeante ribera y viste el bote desaparecer sobre las negras aguas del Leteo?

Berkeley, 1955.

ALLEN GINSBERG

1926, Paterson, EEUU
Traducción de Rodrigo Olavarría